Desde hace 98 días, en Argentina ocurre algo denominado “Paro del Campo” que consiste en cortes de rutas, de casi todas las rutas, en diferentes puntos del país, por “los chacareros” al principio, y “los transportistas” ahora. El caso es que “los chacareros” reclaman que se eliminen las retenciones móviles a la soja que se exporta desde los puertos argentinos. Los “transportitas” paran porque quieren que el conflicto se soluciones para volver a trabajar. O sea…
Estos cortes de rutas están ocasionando desabastecimiento de todo. Y no solo faltan cosas, sino que también, se está tirando todo lo que se va pudriendo mientras los camiones están parados en los piquetes. Porque según la modalidad del corte, no pasa nada ni nadie, no importa la gravedad o la presteza de la carga.
Entre toda esa demora, quedaron camiones que transportaban Insulinas. La Insulina es la medicación fundamental para el tratamiento de personas con Diabetes, y necesita, hasta el momento de su utilización, estar conservada entre 2° y 8° C. La demora de estos camiones fue mucha. Y la cadena de frío se interrumpió. Esto ya es grave.
Pero, no lo es tanto, si se tiene en cuenta que, al llegar a su destino, fue distribuida como si nada hubiera pasado. Quienes la recibieron no fueron advertidos del problema. Así, estas personas, cuando empezaron a usarlas, notaron importantes hiperglucemias en sus controles. Hiperglucemias que, en un principio, no tenían mucha explicación. Con el paso de los días, se advirtió que la generadora no era la comida, sino la Insulina que a esas alturas ya era como agua.
Me enteré de esta situación a través un mensaje que llegó al Foro “d-org · Grupo de personas con diabetes”. Enseguida, como diabética que soy, no pude dejar de reflexionar al respecto. Y solo conseguí dudas:
¿En manos de quien está nuestra salud? ¿Cómo nadie se hace cargo de esta situación? Sabiendo que las rutas están interrumpidas, y que la necesidad de Insulina no puede esperar ¿por qué no se enviaron partidas por avión? ¿Por qué no se avisó de lo ocurrido?
No encontré ninguna respuesta posible a todas estas preguntas.
Solo sé una cosa:
Las vidas de las personas con diabetes
dependen de esos frasquitos.









