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06 noviembre 2008

SAN FRANCISCO DE ASIS

Los cruzados habían puesto sitio a la ciudad de Damien. En el año 1219, en pleno asedio, el fraile Francisco se desprendió de su ejército y se echó a caminar, descalzo, solo, hacia el bastión enemigo.
El viento barría la tierra y golpeaba la túnica color tierra de este ángel enclenque, caído del cielo, que amaba la tierra como si de la tierra hubiera brotado.
Desde lejos lo vieron venir.
Dijo que venía a hablar de paz con el sultán Al - Kamil.
Francisco no representaba a nadie, pero la muralla se abrió.
La tropa cristiana estaba dividida en dos. La mitad creía que el fraile Fancisco estaba loco de remate. La otra mitad creía que era un tonto de capirote.
Era fama que charlaba con los pájaros, que se hacía llamar juglar de Dios, que predicaba y practicaba la risa y recomendaba a sus monjes:
- Guárdense de aparecer tristes, ceñudos e hipócritas.
Se decía que en su huerto, en el pueblo de Asís, las plantas crecían al revés, con la raíz hacia arriba; y se sabía que al revés opinaba. La guerra, pasión y negocio de los reyes y de los papas, servía, según él, para conquistar riquezas, pero noservía para conquistar almas; y las Cruzadas se hacían para someter a los musulmanes y no para convertirlos.
Movido por la curiosidad, o quien sabe por qué, el sultán lo recibió.
El cristiano y el musulmán no cruazaron armas, sino palabras. Durante el largo diálogo, Jesús y Mahoma no coincidieron. Pero se escucharon.

Eduardo Galeano - 2008 - ESPEJOS


FRANZ LISZT: Leyendas § San Francisco de Asís predicando a las aves (A. Brendel, piano)

06 mayo 2008

A propósito de la ceniza...

Huellas
Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no tenían rabo.
Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. El cenizal guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.
Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.
Algunos añitos han pasado. La duda sigue.
Eduardo Galeano (Uruguay, 1940)