
A veces, una historia se reduce a un gesto. Están en todo su derecho de creer que me conformo con poco. Sí, y tienen razón. Pero, para mí, ese poco es muchísimo. Como esos perros de la calle, que con ojos tristes buscan una caricia metiendo su cabeza debajo de la mano del que pasa, así, casi que conseguí este gesto.
Cuando apoye mi cabeza en mi almohada, estará su perfume. Y será lindo porque es el suyo. Y ese perfume será el signo de lo que fue. Sí. Y aunque mañana lave la funda y desaparezca, seguirá estando, porque su cabeza estuvo ahí, y dejó su perfume.
Y ese perfume será mío para siempre. Y esta tarde será mía para siempre. Aunque ya no esté. Aunque nunca más vuelva a apoyar su cabeza en mi almohada. O si...
Carlos Andino y Los peores del barrio: MUY A PESAR DE LOS DOS









