
El 2 de febrero de 1979, Sid Vicious realizó el acto más pacífico de su vida: morirse. La heroína de máxima pureza que compró con el dinero de su madre, lo envolvió en su tibia crisálida para siempre. Al tiempo, otro capullo maduró y dio forma a un mito que compite palmo a palmo con el del Che Guevara y James Dean en la pole position de las remeras juveniles. Sid Vicious: el punk perfecto. Muerto a los 21 años. Sin talento, pero eterno.
Por: Sergio Marchi
Fuente: ESPECIAL PARA CLARIN




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