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21 abril 2007

"Cuando hablo de adicción a las drogas no me refiero al keif, a la marihuana, o a cualquier preparado de hachich, mescalina, Bannisteria Caapi, LSD6, hongos sagrados o cualquier otra droga del grupo de los alucinógenos... No hay pruebas de que el uso de un alucinógeno provoque dependencia física. La acción de estos productos es fisiológicamente opuesta a la acción de la droga. Debido al celo del departamento norteamericano de narcóticos y de otros similares se ha suscitado una lamentable confusión entre ambas clases de droga.
En quince años de adicción he visto el modo exacto en que actúa el virus de la droga. La pirámide de la droga, en la que cada nivel devora al que está debajo (no es casualidad que las potencias de la droga son siempre individuos gordos, mientras que el adicto que trota la calle siempre está flaco) y así hasta la cúspide o cúspides, pues hay numerosas pirámides de la droga que se alimentan de la gente del mundo, y todas están organizadas sobre principios esencialmente monopólicos:
1 - Nunca debe darse nada por nada.
2 - Nunca debe darse más de lo que sea necesario (tener siempre hambriento al comprador, y hacerlo esperar siempre).
3 - Recuperar todo lo que se dio, si ello es posible.
El Promotor siempre recupera todo lo que dio. El adicto necesita más y más droga para conservar cierta forma humana... para mantener alejado al Monstruo.
La droga es un mundo de monopolio y posesión. El adicto se sostiene mientras sus piernas drogadas le permiten avanzar derechamente hacia el rayo luminoso de droga para relapsar. La droga es cuantitativa y precisamente mensurable. Cuanto más droga uno usa menos tiene, y cuanto más tiene más consume. Todas las drogas alucinógenas son sagradas para quienes las usan -hay cultos del peyote, de la Bannisteria, del hachich y del hongo: "los hongos sagrados de México permiten ver a Dios"- pero nadie ha insinuado jamás que la droga es sagrada. No hay culto del opio. El opio es profano y cuantitativo, como el dinero. Oí decir que antaño había en la India una droga benéfica que no creaba hábito. Se la llamaba soma, y se afirma que es una suerte de bella onda azul. Si el soma existió realmente, sin duda allí estuvo el Promotor para embotellarlo, monopolizarlo y venderlo, convertido en la simple y vieja DROGA de siempre.
La droga crea una fórmula básica del virus "maligno"; el álgebra de la necesidad. El rostro del "mal" es siempre el rostro de la necesidad total. El maníaco de la droga es el hombre que tiene absoluta necesidad de la droga. Una vez sobrepasada cierta frecuencia, la necesidad no conoce absolutamente límite ni control. Para decirlo con las palabras de la necesidad total: "¿Está dispuesto?" Sí, usted está dispuesto. Usted está dispuesto a mentir, trampear, denunciar a los amigos, robar, hacer cualquier cosa para satisfacer la necesidad total. Porque se encuentra en estado de enfermedad total, de posesión total, y no puede proceder de ningún otro modo. Los maníacos de la droga son personas enfermas que no pueden actuar de otro modo. El perro rabioso no tiene otra alternativa que morder. Adoptar una actitud virtuosa carece de sentido, salvo que el propósito sea mantener la vigencia del virus de la droga. La droga es una gran industria. Recuerdo la conversación que sostuve con un norteamericano que trabajaba para la Comisión de la Aftosa en México. Seiscientos dólares mensuales más una cuenta de gastos:
-¿Cuánto durará la epidemia? -pregunté.
- Todo lo que podamos hacerla durar... Sí... quizás aparezcan otros brotes en América del Sur -me dijo con aire soñador.
Si uno desea modificar o anular una pirámide de números en relación serial, se modifica o elimina el número base. Si deseamos aniquilar la pirámide de la droga debemos comenzar por la base: el adicto que trota la calle, y dejarnos de quijotescos desafíos a los llamados "grandes bonetes", todos los cuales son inmediatamente reemplazables. El adicto de la calle que debe disponer de droga para vivir es el único factor irreemplazable de la ecuación de la droga. Cuando no haya más adictos que compren droga desaparecerá el tráfico. Mientras exista la necesidad de droga, alguien se ocupará de satisfacerla."

William Burroughs